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Un día con Leopoldo María Panero

6 marzo, 2014
Leopoldo María Panero en un momento de la entrevista. © Ramón de la Rocha

Leopoldo María Panero en un momento de la entrevista. © Ramón de la Rocha

Hoy me enteré del fallecimiento del poeta Leopoldo María Panero y me vino a la memoria el día que pasé junto a él con motivo de una entrevista para Associated Press, en febrero de 2002.

El día concertado para la entrevista viajé a Las Palmas de Gran Canaria, donde había quedado con el redactor de la agencia que, a su vez, venía de Madrid. Tras bajar del avión me dirigí directamente al hotel donde habíamos quedado con el poeta. Hubiese preferido fotografiarlo en en centro psiquiátrico en el estaba internado, pero no fue posible.

Han pasado ya unos años de eso, pero no me olvidaré de su mirada, perdida vete tú a saber dónde. Tampoco me pasó inadvertido que no paraba de fumar unos pequeños puritos con los que encendía el siguiente. Beber Coca Cola parecía ser otro de sus vicios. No sé cuantas se tomaría en todo el día que estuvimos con él.

Su discurso era inconexo y costaba entablar una conversación.

Tras el almuerzo, paseamos los tres por algunas calles de la capital grancanaria. Al pasar por una librería no pudo evitar entrar en ella. Lo seguimos. Preguntó por algunos de sus libros al librero, que conocía que era el propio autor quien preguntaba por ellos. A indicaciones de éste, subimos a la planta de arriba donde rebuscó en la fila de libros. Cogió algunos que tuvo que pagar el redactor. Posteriormente nos regaló uno a cada uno, no sin antes escribirnos una dedicatoria tan disparatada como su conversación. En ella se dirigía a mí, con una letra ilegible, como Ramón Franco de la Rocha. No sé de dónde sacó lo de Franco, cosas de la mente.

Aún conservo ese libro de poemas “Águila contra el hombre. Poemas para un suicidamiento”

Las fotografías están tomadas con una cámara digital Canon EOS1 N DCS 520 con respaldo digital Kodak.

Fotografía que tomé aquel día a Panero y que publica hoy El País en su edición digital

Fotografía que tomé aquel día a Panero y que publica hoy El País en su edición digital

 

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8 comentarios leave one →
  1. 6 marzo, 2014 21:42

    Muy buena historia Ramón. Y enhorabuena por la publicación.

  2. 7 marzo, 2014 09:33

    Gracias por tu relato. Refleja perfectamente esa imagen de mirada en mundos perdidos…

  3. scorrea2014 permalink
    7 marzo, 2014 11:46

    Muy buena foto, muy buen artículo, Ramón. Enhorabuena. Leopoldo era así, un ser inconexo pero con un gran sentido de la vida… a su manera. Como él decía ‘yo no me muero, ni a palos…’, pero al final la razón de la vida se le acabó. Nos deja su literatura de loco cuerdo, con unos poemas que ponen los pelos de punta, que dan miedo, pánico a veces, por la realidad cruel que sólo él supo plasmar. No sé adonde irá, pero que descanse en paz. Un abrazo, Santi Correa

    • 7 marzo, 2014 12:12

      Gracias Santi. La definición “loco cuerdo” me parece acertadísima

    • scorrea2014 permalink
      7 marzo, 2014 15:42

      Precisamente hoy es su sepelio, en Gran Canaria, al que asisten varios de sus parientes que viven en Tenerife. Ha sido increíble el número de personas que están hablando o escribiendo de Leopoldo. Un poeta maldito que ahora, con su muerte, será eternamente reconocido. Vivo, como un loco, ahora como un ángel, como un genio…

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